Considero
que tuve la dicha y el honor de nacer y crecer en una de las ciudades más
importantes del país: La puerta de oro de Colombia, Barranquilla, tierra de fiestas color, gente amable, y sobre
todo con gran calor humano.
Nací
en el barrio Chiquinquirá, este se encuentra ubicado en una zona central de la
ciudad, estrato 3, los habitantes de
este sector se caracterizan por ser muy unidos, trabajadores, preocupados
siempre por el bienestar de la comunidad y del barrio.
Desde
niña recuerdo las reuniones en la “cancha
“para escoger la representante al reinado popular del Carnaval de Barranquilla (Patrimonio
oral e intangible de la Humanidad), así
mismo los bazares (fiesta al aire libre en las calles acompañados de un pick
up) para recolectar fondos para obras en el barrio, aquí los vecinos con sus ventas de sopa de
mondongo, pasteles, fritos, y la infaltable cerveza se unían a la causa.
De
igual forma recuerdo las reuniones políticas, en las que los habitantes del
sector escogían a los miembros de la junta de acción comunal, después de muchas
intervenciones y discusiones siempre quedaba el mismo presidente: Rafael
Guzman.
La
“cancha” siempre fue escenario de múltiples
eventos: Estaban los publicitarios,
donde la gente se volcaba a reclamar sus premios con bolsas de café, de
leche, de detergente, de lo que fuera,
se armaba un gran desorden en las calles. Los políticos, donde se reunía
gran cantidad de gente a escuchar las falsas promesas de los candidatos a la
alcaldía o a la gobernación. Los eventos religiosos, no tan concurridos pero
frecuentes. Eventos deportivos, con la tradicional carrera San Silvestre que se
lleva a cabo todos los años, el 31 de
diciembre con atletas nacionales e internacionales y que parte muchas veces
desde la cancha y que cuenta con una masiva afluencia de gente de todos los
barrios .

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